Ciclo de proyecciones y diálogos:

“Esclavos del Siglo XXI”

Coordinado por Ignacio Ramonet, director de Le Monde diplomatique.

 

Lugar:

Aula de Cultura Caja de Ahorros del Mediterráneo, Avda. Doctor Gadea, 1

03003 Alicante

 

Información:

Tlf. 96 590 56 39 y en www.obrasocial.cam.es

 

Fechas:

Del 2 al 5 de Mayo 2006

 

Martes, 2

Seminario “Esclavos del Siglo XXI”

Impartido por Ignacio Ramonet

Doctor en Semiología y en Historia de la Cultura por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Catedrático de Teoría de la Comunicación de la Universidad Denis-Diderot. Fundador de la Organización no Gubernamental ATTAC (Asociación para la tasación de las transacciones financieras para la ayuda a los ciudadanos) de la que es Presidente de Honor. Especialista en Geopolítica y Estrategia Internacional. Promotor del Foro Social Mundial y director de Le Monde diplomatique.

Acompañará a los ponentes en todos los diálogos de este Seminario.

 

Esclavos del siglo XXI

 

IGNACIO RAMONET

 

Con fascinación y escalofríos, hemos asistido, hace unos meses, a los repetidos y a veces trágicos asaltos contra las murallas alambradas de Melilla, llevados a cabo – con técnicas y artimañas de asedio medieval - por disciplinadas columnas de jóvenes subsaharianos. También en otras zonas (Ceuta, costas de Andalucía, Canarias, la isla italiana de Lampedusa, las playas de Grecia, de Chipre, de Malta, etc.), los “invasores” llegan a las orillas siempre de noche - cuando no zozobran -, en silenciosas embarcaciones, como antaño lo hacían sin duda vikingos, normandos y sarracenos.

En Europa y en otras partes del mundo rico - como la frontera sur de Estados Unidos -, se considera a veces a esos “asaltantes” como agresores, delincuentes  o malhechores. Algunos reclaman la “criminalización” de la emigración clandestina, exigen más mano dura para repeler a esos “intrusos”, menos miramientos, y adopción urgente de medidas más radicales. Más vigilancia, más policía, más ejercito, más represión, más expulsiones... Sin parar a preguntarse ¿por qué causas, esas personas están dispuestas a correr tantos riesgos?

Para empezar a entenderlo hay que recordar que el Maghreb y sobre todo África subsahariana figuran entre las regiones más pobres del planeta. Con una pobreza extrema al sur del Sahara que se explica por diversos factores. En primer lugar, la larga trata de esclavos, crimen y genocidio que vació durante siglos el subcontinente de millones de sus hombres y mujeres más jóvenes, sanos y fornidos, obligando a comunidades enteras a vivir escondidas y aisladas en las profundidades de la jungla, sin casi ningún  contacto con los progresos de la técnica y de la ciencia.

Rememorarse también que África ha sido, hasta hace apenas unos decenios, tierra de colonización. De una colonización impuesta a sangre y fuego, a base de guerras, exterminios y deportaciones. Todos los poderes locales que osaron oponerse y resistir a los conquistadores portugueses, británicos, franceses, alemanes, holandeses o españoles fueron aplastados.

En el aspecto económico, las potencias coloniales establecieron de modo autoritario, una economía fundada en la exportación de materias primas hacia la “metrópoli”, y en el consumo de productos manufacturados producidos en Europa. De esa manera, África perdió en los dos tableros. Y esa doble explotación, por lo esencial, no se ha modificado.

Por ejemplo, Costa de Marfil, primer productor mundial de cacao (40% del volumen mundial) nunca ha podido desarrollar una industria chocolatera exportadora. Igual se puede afirmar de Malí o Níger, dos de los principales productores de algodón, quienes se han hallado en la imposibilidad de montar una verdadera industria textil. Y eso porque, en general,  las tarifas aduaneras excesivas impuestas por los países importadores ricos a los eventuales productos elaborados en el Sur arruinan toda posible competencia con los productos fabricados en el Norte.

Los países desarrollados quieren conservar la exclusividad de la transformación de las materias primas, o, en el marco de la globalización, aceptan deslocalizar sus fábricas hacia China donde la mano de obra es hábil, dócil y sobre todo barata, pero no están en absoluto dispuestas a invertir en África, ni en desarrollar en este continente un sector industrial importante.

La división internacional del trabajo, efectuada en favor de los intereses de los países del Norte, atribuye a África negra un rol subalterno, marginal, lo cual impide a esta área entrar en la espiral virtuosa del desarrollo.

Las fabulosas riquezas mineras y forestales del continente africano son vendidas a precios de saldo, para el mayor enriquecimiento de nuestras empresas importadoras y transformadoras. De ese modo no se crean empleos ni siquiera en las industrias agroalimentarias que es el sector básico a partir del cual se puede edificar un verdadero desarrollo agrícola, y más tarde industrial. Por eso también, África es el último continente que aún conoce con regularidad crisis alimentarias, y hasta hambrunas como la reciente de Níger.

Esta región del mundo, tan a menudo calificada por los medios dominantes del Norte de “subdesarrollada”, “violenta”, “caótica” e “infernal”, no habría conocido tal inestabilidad política – golpes de Estado militares, insurrecciones, masacres, genocidios, guerras civiles -,  si los países ricos del Norte (empezando por las antiguas potencias coloniales) le hubiesen ofrecido reales posibilidades de desarrollo en lugar de seguir explotándola hasta el día de hoy. La pobreza creciente se ha convertido en causa de desorden político, de corrupción, de nepotismo, y de inestabilidad crónica. Y esta misma inestabilidad desalienta a los inversores tanto locales como internacionales. Con lo cual se cierra el círculo vicioso del laberinto de la pobreza.

A este escalofriante panorama, hay que añadir la epidemia de sida que esta diezmando a la población del sureste del continente y que ya ha creado unos 12 millones de huérfanos. Esa epidemia priva a los menores de su familia que era el principal medio de protección contra la violencia y las agresiones, y los expone a toda clase de peligros. Entre ellos el de ser reclutados como soldados en alguna de las numerosas guerras locales, o por redes de prostitución infantil. Esto hace que, mientras un niño europeo o japonés tiene una esperanza de vida de unos 76 años, la de un menor de Zambia, Uganda o Malí apenas llega a los 33.

Estas son algunas de las razones que explican porque hoy día un (o una) joven del sur del Sahara, en plena salud y a menudo con buena formación educacional, no desea seguir viviendo en lo que es el calabozo del mundo. Decenas de miles, en este mismo momento, están marchando hacia los vados que conducen a Europa. Con la reivindicación inconsciente de que algo les debemos a ellos de nuestra actual riqueza.

Pero sólo hallarán aquí ingratitud. Porque, en definitiva, la mayoría de los que consiguen franquear las murallas tendrán que aceptar luego, para garantizar nuestro confort y nuestro alto nivel de vida, el ofrecer su fuerza de trabajo por un precio vil.  Y convertirse en trabajadores clandestinos, o sea “esclavos del siglo XXI”.

En nuestros países del Norte, muchos trabajadores clandestinos prefieren trabajar en malas condiciones a no trabajar del todo. Y pasan a depender de quienes contratan a esos trabajadores clandestinos, patronos que pueden pasar impunemente por lo alto las prescripciones laborales. Además, no cotizan en absoluto a la seguridad social, con lo cual el trabajo clandestino resulta muy atractivo para esos patronos, modernos negreros.

Los obreros inmigrantes clandestinos son los más explotados, ya que trabajan en su mayoría en economías sumergidas. Se les paga menos, trabajan en peores condiciones, reciben un sueldo inferior al salario mínimo, y carecen de una vivienda digna. Acaparan las tareas más penosas, son las víctimas más frecuentes de los accidentes laborales y están desposeídos de los más elementales derechos de asociación, sindicación, huelga y seguros sociales.

Para imponerles terribles condiciones laborales y privarles de todos sus derechos, el primer paso es negarles hasta los permisos de residencia y de trabajo, lo que les obliga a emplearse clandestinamente. Los inmigrantes que llegan a la Unión Europea prácticamente no tienen vías para poder obtener documentación, lo que ha producido un incremento de los « sin papeles » por las enormes dificultades para poder regularizar su situación. En la Unión Europea el número de inmigrantes con papeles se redujo en un 30 por ciento durante los años 1990 del pasado siglo.

Los trabajadores inmigrantes clandestinos van a desempeñar un papel fundamental en el futuro de la globalización: abastecerán al capital de mano de obra barata, complementarán el ejército industrial de reserva, y financiarán las pensiones de los trabajadores autóctonos jubilados. El aumento de la inmigración hará que, en el futuro, la economía sumergida aumente, así como el trabajo negro, agravando la marginación social de grandes masas trabajadoras, privadas de todos sus derechos laborales. Se va a producir un deterioro de las condiciones laborales, con un aumento de la economía sumergida y una mayor precarización.

El 90 por ciento de los obreros inmigrantes que entran en la Unión Europea realizan trabajos no declarados en condiciones de explotación salvaje y sin control sindical de ningún tipo sobre los que los explotan. Actualmente en la Unión Europea hay unos 20 millones de trabajadores sin contrato. La economía sumergida supone ya entre el 7% y el 19% del empleo total y casi el doble del volumen de población activa desempleada.

Los sectores en donde hay más economía sumergida son el agrícola y el de construcción, seguido del comercio al por menor, los servicios domésticos, la hostelería y la manufactura. Sin olvidar la prostitución. Son sectores donde se utiliza mucha mano de obra barata, especialmente inmigrantes sin permiso de trabajo.

 Esto es sólo el comienzo,  y no se sabe que tipo de muros habrá que construir para desalentar el flujo de inmigrantes clandestinos. Porque el Banco Mundial ha advertido hace poco que la bomba demográfica ya ha estallado, y que hay, en los países pobres, unos 2 500 millones de jóvenes de menos de 22 años que no encuentran trabajo en sus países. Y cuya única perspectiva es correr al asalto de las murallas de Europa...

                                                                                              IGNACIO RAMONET. 

 

 

 

A las 18 horas

Proyección de la película presentada por Marianne Brousard
Estudió historia del Arte y del Cine. Desarrolla trabajos para el Ministrio de Cultura y Educación de Francia sobre el cine de autor. Actualmente dirige el “Pôle Regional Cinéma” y la “Missión Cinéma en el Espace Magnan” en Niza.

 

“Negocios ocultos”, Stephen Frears, 2002, 97´´

Un extraño y sugerente thriller que tiene lugar en la parte de Londres que el turista nunca ve. Inusual en los dramas de grandes estudios, éste se desarrolla desde la mirada de un inmigrante ilegal, Okwe (Chiwetel Ejiofor), un nigeriano que trabaja como chofer de un minitaxi y como recepcionista en un hotel menos que respetable. Luchando para ganarse la vida, Okwe comparte un apartamento con una orgullosa muchacha buscadora de refugiados turcos llamada Senay (Audrey Tautou), quien trabaja con él como mucama. El delicado equilibrio de su vida se rompe, sin embargo, cuando hace un descubrimiento asombroso en una de las habitaciones y desenmascara un duro submundo que amenaza con consumir a la persona más cercana a él y que también revela ciertas sorprendentes verdades acerca de su verdadera identidad.

 

Entrada libre limitada al aforo del local.

 

A las 20 horas

Intervención de John Berger

“El poder de los desposeídos”

John Berger nació en Londres en 1926. Su formación, entre Oxford y la Central School of Arts, lo prepara para una vida inconformista que adopta muy pronto y que ya nunca abandonará. Más que un gran escritor --como lo es ya desde su libro G. (Alfaguara, 1994), con el que obtiene el prestigioso Booker Prize--, Berger es un mundo de ternura y lucidez: novelista, ensayista, crítico de arte, poeta, guionista de cine y de televisión, su modo de ver la vida y de vivirla, desde un pueblecito de la Alta Saboya, le ha granjeado la admiración de los jóvenes del mundo entero.

Relacionados con esta temática tiene numerosos ensayos y publicaciones; si bien, hemos de destacar entre ellos “Un séptimo hombre”, un libro de imágenes y palabras sobre la experiencia de los trabajadores emigrantes en Europa y las novelas  King” y “Aquí nos vemos”.

 

Entrada libre limitada al aforo del local.

 

Miércoles, 3

Seminario “Esclavos del Siglo XXI”

 

A las 18 horas

Proyección de la película presentada por Marianne Brousard

“El mundo a cada rato”, Varios Directores/as, 2004, 116’

Producida por TUS OJOS en colaboración con UNICEF como una contribución del cine a la protección de los derechos de la infancia en el mundo, se compone de cinco historias que abordan las cinco prioridades de UNICEF, la educación de las niñas, el desarrollo integrado en la primera infancia, la inmunización, la lucha contra el VIH/sida y la protección contra la violencia, la explotación, y la discriminación: * El secreto mejor guardado, dirigida por Patricia Ferreira y rodada en la India. * La vida efímera, dirigida por Pere Joan Ventura y rodada en Guinea Ecuatorial. * Las siete alcantarillas, dirigida por Chus Gutiérrez y rodada en Argentina. * Hijas de Belén, dirigida por Javier Corcuera y rodada en Perú. * Binta y la gran idea, dirigida por Javier Fesser y rodada en Senegal.

 

Entrada libre limitada al aforo del local.

 

A las 20 horas

Intervención de Aminata Traoré

“La fortaleza Europa y los inmigrantes africanos”.

Ministra de Cultura y Turismo en su país natal, Malí, entre 1997 y 2000, actualmente participa en la Comisión Mundial sobre la Dimensión Social de la Globalización en la Organización Internacional del Trabajo y en el Grupo del Secretario General de la ONU sobre Relaciones con la Sociedad Civil.

Es, sobre todo y desde su juventud, una tenaz valedora de los derechos humanos en África y ha promovido diversas organizaciones no gubernamentales que se ocupan de los conocimientos y valores locales y comunitarios. "Por qué nuestros países deben comprometerse con el destino incierto de la globalización?, se pregunta. El hambre, la necesidad de agua potable, la salud, la educación son los mayores problemas de África según Traoré, junto a una deuda externa. En España está editado su libro “La violación del imaginario”.

 

 

Entrada libre limitada al aforo del local.

 

Jueves, 4

Seminario “Esclavos del Siglo XXI”

 

A las 18 horas

Poyección de la película presentada por Marianne Brousard.

“Valor Humano: Los Sin Tierra. Por los caminos de América!, Miguel Barros, 2004, 72’

El Movimiento Sin Tierra es, probablemente, la organización social más importante del mundo. Surgido hace 20 años en plena dictadura militar en Brasil, el MST aglutina a los excluidos de la sociedad brasileña tanto del campo como de las ciudades.

Según Naciones Unidas, Brasil se encuentra a la cabeza de los países con una peor distribución de las tierras y la riqueza. El 50% de las tierras cultivables en Brasil están en manos del 1% de la población; creando así millones de familias sin tierra y sin futuro que se agolpan en favelas rodeados de pobreza y violencia. El Movimiento Sin Tierra propone una " reconquista" del campo del cual fueron expulsados y la creación de asentamientos auto sostenidos.

Foto: Jose Bustos

En un país con una de las mayores superficies agrícolas del mundo, la tierra no sólo es un derecho sino que es una garantía de vida. Amparados por la constitución Brasileña de finales de los años 80, este movimiento ocupa latifundios improductivos reivindicando su justo reparto entre aquellas familias que lo necesiten. De esta forma y con una organización siempre asamblearia el MST ha ido retomando millones de hectáreas en los últimos años y creando asentamientos con escuelas y atención medica. En otras palabras, los integrantes de este movimiento han conseguido recuperar la dignidad robada por los grandes latifundistas y las oligarquías dominantes. Brasil, hoy en día, todavía no ha tenido una verdadera reforma agraria.

Esta lucha por la tierra ha generado cientos de muertes entre el campesinado. Pero el MST sigue creciendo y organizándose.

 

A las 20 horas

Intervención de Joao Pedro Stedile.

“La resistencia de los campesinos sin tierra de Brasil”.

Joao Pedro Stedile, de 48 años y líder del Movimiento Sin Tierra, de Brasil, fue el único en su familia que pudo estudiar. Como miles de campesinos del estado brasileño de Río Grande do Sul, hace 50 años, sus cuatro hermanos no tuvieron ese privilegio. Tampoco sus padres. El dirigente de los 'Sin Tierra', uno de los míticos movimientos sociales más influyentes de América Latina, se educó gracias a la labor pastoral de la Iglesia en esa zona del Brasil.

'En 1899, mi abuelo llegó del Imperio austrohúngaro. Como él, llegaron 1.600.000 familias de campesinos pobres y hambrientos de Europa, estimulados a ir al Brasil para reemplazar a los esclavos. En mi generación ya no había espacio para el trabajo de los campesinos. Muchos hijos de esos emigrantes se unieron para luchar por tierra, para aplicar la Ley de Reforma Agraria, para desapropiar los latifundios y distribuirlos. Yo soy uno de esos hijos'.

Entrada libre limitada al aforo del local.

 

Viernes, 5

Seminario “Esclavos del Siglo XXI”

 

A las 18 horas

Proyección de la película presentada por Marianne Brousard

“Queimada”, Gillo Pontecorvo, 1969, 112’

QUEIMADA es una crítica severa del colonialismo, del comercio internacional y de la esclavitud, y en su estreno Pontecorvo la presentó como un intento de “unir el género de aventuras románticas y el cine de ideas”. Encontró en Brando a un ferviente aliado, pero por desgracia actor y director se dieron cuenta de que una vez puestos a trabajar juntos su visión sobre la interpretación dramática no coincidía, y al final de nueve difíciles meses de producción ni siquiera se dirigían la palabra. Brando mantiene su admiración por el talento de Pontecorvo, pero analizando retrospectivamente la elaboración de la película dijo: “Le habría matado”.

 

Entrada libre limitada al aforo del local.

 

A las 20 horas

Intervención de José Saramago.
“Por un mundo sin esclavos y sin cadenas”

Es uno de los novelistas actuales más apreciados en el mundo. Obtuvo el Nobel de Literatura en 1998 y ha sido distinguido por su labor con numerosos galardones y doctorados honoris causa. Su obra está considerada como una de las más importantes de la literatura contemporánea

En 2002 publicó El hombre duplicado, obra en la que el autor se plantea cuestiones relacionadas con la identidad, tales como ¿En qué consiste la identidad? ¿Qué nos define cómo personas individuales y únicas? ¿Podemos asumir que nuestra voz, nuestros rasgos, hasta la mínima marca distintiva, se repitan en otra persona? o ¿Podríamos intercambiarnos con nuestro doble sin que nuestros allegados lo percibiesen?

En 2005 ha publicado la novela Las intermitencias de la muerte.

Entrada libre limitada al aforo del local.